jueves, 15 de agosto de 2013

Partida de ajedrez.

Me encontraba sentada en una silla de madera, frente al trono de mi amo. Mi señor, rey de todo su imperio, me había dejado jugar al ajedrez con él, impresionado de que una simple sirvienta como yo supiera jugar al rompecabezas más complejo del mundo. Él empezó. Peón a E4. Yo seguí de una forma sencilla. Peón a E6. Él contraatacó lentamente, colocando otro peón a la izquierda del anterior. Yo coloqué un peón justo delante del que acababa de mover. Sabía que me comería, pero pensé que eso lo desconcertaría, y que después yo podría mostrarle mi gran habilidad. Y sí, me comió. Entonces avanzó hacia mí y me quitó un anillo, el único anillo que me permitían llevar. Yo entendí el juego, y comí el peón que había quedado a mi merced. Peón por D5. Fui hacia él y le arrebaté sus anillos.
-Eso no vale, criada.-dijo, pero le guiñé un ojo.
-Vos tenéis más prendas que yo.-le respondí.
-Eres una tramposa.-dijo con una sonrisa pintada en su dulce cara.
-Y vos sois mucho más experimentado que yo en este juego. Y os advierto. Si yo gano, os juro por mi vida que lamentaréis haberme retado. Necesitaréis años para asimilar que una sirvienta os ha vencido. Os joderé como nunca os han jodido y luego os abandonaré como nunca os han abandonado.
-Y si gano yo, te haré el amor con tanta fuerza que necesitarás pasar dos semanas en cama porque haré que quedes agotada.
Peón a H4. Alfil a D6. Caballo a E2. Lo hice sin pensar, sin darme cuenta de que le había bloqueado el paso a la dama. Mi amo movió su caballo a la casilla F6. Un movimiento mucho más refinado que el mío. Perfecto. Como él, como sus ojos. Alfil a G5. ¡Bien!, pensé. Había clavado a su caballo, y si lo movía de casilla mi alfil comería a la dama. Pero no caí en la cuenta de que él podía jugar como lo hizo, poniendo un peón en H6. Un insignificante peón me amenazaba. ¡Un simple peón! No quise echarme atrás, sería un signo de debilidad que él disfrutaría. Quería llevarme algo valioso antes de que mi alfil muriera, así que me comí su caballo, y me acerqué a mi rey. Le arrebaté su túnica dorada con fuerza, pero él se zampó mi caballo con la dama. Qué buena jugada. Había eliminado mi alfil, y al mismo tiempo desarrollado aquella pieza tan poderosa. En ese momento lo odié, y más cuando me arrancó mi túnica con una sola mano, al contrario que yo, que sólo pude deslizarla hacia arriba. Caballo a C3. Peón a C5. Peón por C5. Le quité los pantalones al rey. Alfil por C5. Mi amo me arrancó una de las dos prendas que me quedaba, la ropa interior del pecho. Moví mi caballo a la casilla A4. Alfil a D7. Peón a B3. Alfil a B5. Caballo a C3. Qué tonta fui, podría haberle comido su alfil. Dama a E6. Dama a E2. Yo tenía los ojos fijos en mi señor. Él me miraba. Me miró fijamente, como si yo fuera una bestia a la que él hubiera de dar caza. Me observó como el león observa a la bella gacela antes de lanzarse en pos de ella para alimentarse. Eso era lo que él iba hacer. Alimentarse. Alimentarse de mí, alimentarse de mi esencia. Yo era su preciado manjar en el jardín del Edén. Se abalanzó sobre mí, me quitó los calzones y yo gemí mientras él me lamía el botón, la cueva y la puerta del servicio. Me sentía como una diosa, me creía en el cielo, tenía a mi disposición todo lo que yo, en mi corta y poco valiosa vida, podía desear. El cuerpo del rey a mi disposición. El cuerpo de aquel Adonis, de mi señor, a mis pies. Él entró en mí con fuerza mientras yo me preguntaba cómo habíamos podido llegar a aquello. Pero yo lo deseaba. Yo era suya, y él era mío. Él entraba y salía de mí, cada vez más fuerte y más rápido a cada momento. El rey alzó una mano y movió una ficha, y yo logré verla. Era su dama, que se había comido a la mía. Grité entre fuertes espasmos tan alto como gritaban los espías enemigos al ver el potro cuando llegó nuestro clímax al mismo tiempo. Era jaque mate.