domingo, 14 de abril de 2013

Powder.

Miro mi casa por enésima vez, y veo cómo la mujer se coloca a mi lado. Es muy oportuno, porque ya viene el poli malo. El policía bueno me gusta, él ama mucho a su mujer y, aunque me tiene algo de miedo, sólo quiere lo mejor para mí. El malo es al que odio... él tiene mucho miedo, y no sé por qué se ofrece voluntario para ir detrás de mí. Tal vez porque quiere demostrarse a sí mismo que es muy hombre, que es capaz de atraparme, de tenerme cautivo. Ahí viene el profesor... me gusta, el profesor me gusta, porque sabe mucho, como yo, y sabe de electricidad. Me explicó cosas que yo no sabía aunque eran lógicas. Él es... ¿cómo llamarlo? Un amigo. Un verdadero amigo. Como la mujer que me acompaña, que se acaba de situar delante de mí con el único fin de protegerme... Eso me gusta. Ahora mismo desearía abrazarla..., y darle uno de esos besos que se da todo el mundo en señal de cariño. Veo cómo el profesor hace unas cuantas gracias con el policía malo. Él me mira con odio... Bueno, con lo que el quiere hacer parecer odio. En realidad, es miedo. Pavor. Rabia. Observo su aparato para comunicarse estrellarse contra el suelo, y de pronto esa sensación extraña que siento cuando hay electricidad a mi alrededor se esfuma. Pero ahora viene más, y no de abajo, sino de arriba. Se avecina una tormenta... no sé si voy a ser capaz de protegerlos a todos. Comienzo a correr, y ellos corren detrás de mí. No me molesta, al menos mientras no me toquen, eso sería peligroso. Veo un rayo caer a unas decenas de metros. Me está buscando. Sé que me está buscando, lo noto. Miro hacia atrás sin dejar de correr y veo mi casa y a ellos por última vez... el policía malo está humillado, el bueno agradecido, el profesor fascinado, y la mujer siente el mayor respeto del mundo. Pienso en esa chica a la que conocí en esa clase en la que sucedió todo eso cuando veíamos cómo se desplazaba la corriente eléctrica. Me apena no volver a verla. Prometo visitarla en forma de luz cuando todo esto pase. Prometo soplar calor en su nuca, prometo colocar mis dedos rozando los suyos para sentir de nuevo que alguien piensa en mi verdadero yo, para estar seguro de que no soy el único en el mundo que puede leer a los demás como un libro abierto, para que sepa que, aunque no puede verme, estoy con ella. Prometo darle un beso, un beso cargado de todo el amor del mundo. Mis brazos comienzan a iluminarse, la acumulación de electricidad formada en el rayo me llama, me quiere, me necesita. Salto con todas mis fuerzas y siento un torrente de energía que me atraviesa el corazón, llenándome de lo que necesito para estar completo. Miro a aquellos cuatro, todos boquiabiertos, con una de esas sonrisas encantadoras pintada en la cara. Desaparezco poco a poco, dejando a mi paso un níveo polvo que cae en el suelo. Soy libre, soy yo, soy... Powder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario